jueves, diciembre 18, 2008

Escupe


Suku: El resto de esas mujeres que en su día te fallaron son humanas, y cometen errores. Punto.


Mer: Eso no es excusa… No son personas involuntarias, tampoco enfermas… Uno tiene que hacerse dueño de sus actos. 
Me recuerda a cuando la gente habla de la imposibilidad de la carencia de prejuicios, alegando que son “inevitables” y… ¡es mentira! Pero claro, cuesta trabajo. Esfuerzo… sacrificio, reflexión y mucho autocontrol… Y como buenos humanos que somos queremos ir a lo fácil: a la excusas, los “perdones” y ninguna rectificación; sólo caritas de pena y pucheros. 

Yo tolero todo; pero no aquello que no sería capaz de hacer. Y créeme si te digo que es una suma bastante pequeña. 
El humano tiene la RESPONSABILIDAD de la LIBERTAD. Ha de ser consecuente con sus actos, y dejarse de excusas baratas y teatros que, yo, al fin y al cabo, he usado toda mi vida. Algo típico sobretodo en la mujer: artimañas evasivas para conseguir un objetivo saliendo ilesa y exenta de responsabilidad en el asunto. 


Hay muy pocas cosas que se hagan “sin querer”. El remordimiento de conciencia y el sentimiento de culpabilidad no existen si no hay consciencia real de la maldad del acto en el momento de efectuarlo. Es decir; si yo actúo sin creer en la posible fatalidad de mi acto o en las potenciales consecuencias perjudiciales, no tendré remordimiento. 

El único problema es que erramos de forma consciente, pensando: “ya saldré del marrón”. 


Y luego nos sorprende verlo todo negro.

viernes, abril 04, 2008

Sleep well



No tienes a nadie; estás solo.

Respira el frío del ambiente; aquí no hay calor humano.

Aunque tu mente intenta disipar el pensamiento, no puedes evitar cuestionarte qué fue lo que hiciste mal. Porqué te mereces tan poco aprecio.
Te infravaloran; no te sobrevaloras tú.

Tantos años de reflexión tratando de marcar la diferencia, y te das cuenta de que no eres un espejismo; sino que te convierten en él. Algo bello, que ansían; pero que por algún motivo tratan de hacer efímero. Tu imagen se debilita en su mente y ese fenómeno altera también tu percepción.

Quieres tener fortaleza; de hecho la tienes.

No sabes cuánto tiempo tendrás que seguir así; sólo sabes que aguantarás. No quieres que tarde mucho en acabar.
...Otra crisis existencial... En realidad es algo muy por encima de tan vulgarmente usado término.
Tu corazón se está helando de tanto pensamiento. Siempre esforzándose; siempre por los demás. Eso te aporta un sentimiento placentero de realización propia. Eres la persona que siempre
quisiste ser; y te encanta. Están tan orgullosa de ti misma...

Reflexión.

Eres un espíritu libre encadenado.

Angustia.

Desesperanza.

Apatía.

Agotamiento...
...Es el momento de irse a dormir.

jueves, marzo 13, 2008

Bienvenido


Bienvenido al sufrimiento. Otra vez.

No merece la pena bajar la guardia para luego colisionar y recoger, de nuevo, las migajas de suelo. Esto es una cuestión de karma. Tú diste; ahora recibes. Ofreciste esperanza, para después arrancarla sin pensar. Ahora te tiran del pelo por ello. El destino juega a enseñarte lecciones. Y sólo hay un camino: la imperturbabilidad.

No estás dispuesta a aguantar más sufrimiento; no consideras imprescindible asumir que siempre vas a tener que luchar por tu paz interior. No si puedes evitarlo.

Tu sonrisa se ha vuelto demasiado desagradable; una mueca auxiliar que concluye cualquier sospecha sobre tu estado de ánimo. Una respuesta tajante a sus pequeñas dudas. Tú eres tu estado de ánimo; ¿o eres el estado de ánimo que has verbalizado? Ya no entiendes nada; no puedes. Has dado tantas vueltas en tu cama que has acabado mareándote y perdiendo la noción del espacio.

Te da rabia ver como vuelves al mismo punto de partida que hace unos años abandonaste. Otra crisis; distinta. Ya no hay cabida para la excusa de la adolescencia. Es tu vida la que te empuja a ello, porque es insoportable. Porque estás harta de hacer esfuerzos; esfuerzos por auto-engañarte y esfuerzos por valorar “todas las cosas buenas”.

Nadie entiende que te has aburrido de vivir. Nadie entiende que tú comprendes demasiado. Nadie entiende que tú lo entiendes todo.

¡Abran las puertas! ¡Cierren las ventanas! Asfíxiate con la cuerda de tus pensamientos; haz los honores; colócate tú mismo la soga. Sé tu propia víctima. ¿Es agradable, verdad? Es la simpática paradoja de sentirse vivo cuando estás muriendo. Cuando te estás matando.


Bienvenido al sufrimiento. Otra vez.

Pero pasa, pasa; que estás en tu casa.